El yaguareté negro representa lo único, lo escaso y lo resistente. Es un animal que existe en pocos lugares y en pocas cantidades, como las joyas del estudio: piezas irrepetibles, creadas en series pequeñas, pensadas para no repetirse. También habla del linaje, de una conexión directa con el norte argentino, con el Chaco y con la figura paterna: una presencia firme que, aún atravesando dificultades, sigue adelante.
La rosa de los vientos, en cambio, mira hacia el sur. Remite a Ushuaia y a Tierra del Fuego, lugar de origen de la marca. Ese territorio donde el fuego fue durante siglos una señal de llegada, de abrigo y de orientación para los marinos en medio de la noche. Una luz encendida para indicar tierra firme, refugio y dirección en medio de la oscuridad.
Esa idea de orientación, cuando no hay certezas y todo parece suspendido, es la que la rosa de los vientos trae al símbolo: marcar un punto, dar referencia, permitir volver.
Ese mismo fuego es el que da forma a cada joya: el fuego de la cera perdida no solo moldea la materia, también ordena, concentra y transforma. Crear con las manos, volver al origen y a las propias raíces se transformó en un cable a tierra. Fue la forma de encontrar dirección cuando todo se había vuelto incierto.
Escalante nace de ese cruce:
norte y sur, instinto y orientación, materia y símbolo.
Cada joya es parte de ese recorrido y una forma de llevar el fuego cerca, incluso cuando el camino no está del todo iluminado.